Dominicanos viven el drama de la España de los desempleados
2012/08/31 // 2 Comentarios
Los inmigrantes de República Dominicana padecen la crisis de una España que tiene en paro a un 25% de la población activa, y un 35% en el caso de los extranjeros. En Cuatro Caminos la diáspora criolla refleja el desaliento generado por una crisis económica que todavía no toca fondo.
Madrid (España).- Es sábado. Sopla un viento cálido y seco. Aunque vieja, la veraniega tarde está muy lejos de caer. En Cuatro Caminos, un barrio considerado el corazón de la comunidad dominicana en esta ciudad, las calles se llenan de vida con las tertulias que improvisan los paisanos. Estrepitosos gritos y carcajadas impregnan el ambiente de una alegría agitada, casi violenta. Es un lugar particular en el contexto madrileño, con una atmósfera definida por características notorias de la cultura dominicana. Esa costumbre de ser tan locuaz, incluso con la prensa, permanece muy viva. Pero ciertos temas incitan al silencio. Con el de la crisis se produce una cadena de rebotes. Todos hablan del asunto, pero nadie quiere ofrecer su testimonio personal. Evitan salir en la prensa de su país admitiendo que están mal, según explica un veinteañero oriundo de San Cristóbal. Todos se ríen y algunos asienten. Ni el dueño del bar que está a punto de quebrar ni el miembro de una familia desempleada se animan a contar sus historias.

El Condex calcula que cerca de 136 mil dominicanos residen en España. (Foto: Solangel Vadlez)
Muchos dominicanos sufren las miserias provocadas por la falta de empleo, un problema que afecta a 36 de cada 100 extranjeros considerados dentro de la población activa, según las estadísticas de paro de la Encuesta de Población Activa (EPA). Los datos, dados a conocer a finales de julio, colocan en 35.76% la tasa de desempleo para inmigrantes, esto es, más de 10 puntos por encima del paro general, estimado en 24.63%.
La situación se refleja en una agencia del servicio doméstico ubicada en la intersección de la calle Bravo Murillo y la avenida Reina Victoria. En la mañana de un lunes cuatro dominicanas esperan para inscribirse en la larga lista de las personas que demandan empleo en ese sector. Antonia Suazo, una azuana de 59 años, con 12 en Madrid, se dispone a contar su historia. Llegó en octubre de 1999. Antes, hizo tres viajes en yola a Puerto Rico que terminaron en frustraciones de las que ya no quiere acordarse, así que su historia de peregrina empieza en España. Llegó muy apenada por haber dejado a sus cinco hijos, pero confiada en que después podría darles mejores oportunidades.
En efecto, su situación mejoró mucho. Luego de nueve años de trabajo en el servicio doméstico, consiguió cubrir las carreras de medicina y contabilidad para dos de sus hijas y comprar un apartamento en la capital dominicana. En Madrid, junto a José Ferrera, su pareja, también emprendió el proyecto de la casa propia e instaló una bodega cuyas ganancias, si bien no eran suficientes para cubrir sus gastos, ayudaban bastante a mantener al día el pago de las hipotecas.
Aunque el inicio de la crisis se sitúa en 2008, no fue hasta 2010 cuando Antonia se dio cuenta de que también para ella había llegado “el tiempo de la desgracia”. La España de sus sueños había pasado para entrar en el escenario de una crisis que todavía no toca fondo.
Para entonces había estallado la burbuja inmobiliaria y la tasa de paro general superaba el 20% (según el Instituto Nacional de Estadísticas), una cifra que duplicaba al promedio europeo, que para finales de 2010 era de 9,6%; y representaba un desorbitado aumento si se considera que sólo cinco años atrás, en 2005, el paro en España había descendido a 9.2%.
Al cáncer del aparato económico interno se sumaron los efectos de la crisis financiera internacional que había estallado en Estados Unidos en 2008.
En medio de la debacle económica, José, el entonces compañero de Antonia, perdió su empleo en el deprimido sector de la construcción. Desde principios de 2010 no ha podido integrarse al mercado laboral. Aunque por un año cobró cerca de 800 euros (unos 39,200 pesos dominicanos) por la prestación de desempleo, estar sujeto a la asistencia estatal trastornó bastante su bolsillo y su estado de ánimo.
A finales de 2010, la pareja había perdido los empleos y la casa, y el negocio había quebrado. Las discusiones en las que se otorgaban culpas mutuamente se hicieron cada vez más intensas, y cuando Antonia y José quedaron sin bienes, hacía tiempo que habían perdido también los lazos sentimentales que los unieron. “Con el desempleo, se nos desplomó todo”, dice la mujer con acentuada nostalgia. Después, describe con finos detalles su casa y el costoso mobiliario que la adornaba. Sonríe mientras hace referencia a la elegancia de una repisa, como si le estuviera extrayendo, con fuerza, un poco de alegría al pasado.
Llega su turno en la agencia de servicio doméstico y las mujeres que quedan en espera, que ahora son seis o siete, le desean suerte. Todas sufren las miserias del desempleo en una época gris para España. Buscar trabajo ha sido una tarea ardua y, en algunos casos, hasta humillante. “Se aprovechan de la situación para ofrecernos trabajos que, en otra circunstancia, nadie haría. Por ejemplo, te ofrecen un trabajo que antes era de 750 euros para pagarte 500 y sin incluir comida ni seguridad social. Antes ni se les ocurría”, refiere una mujer de 27 años que prefiere no ser identificada.
Aunque no existe una cifra oficial, el cónsul dominicano en Madrid, Frank Bencosme, estima que un 80% de los dominicanos residentes en esa ciudad están desempleados. El funcionario reconoce que la mayoría de esa población recibe prestaciones o subsidios y realiza trabajos informales y esporádicos. Sin embargo, hace la observación con más temor que sosiego: “Imagínate lo que se avecina cuando todos dejen de percibir el subsidio. Ya está viniendo aquí, a pedir ayuda, mucha gente que se quedó sin ese ingreso”.
La citada cifra es considerada demasiado elevada por el sociólogo Pedro Álvarez, del Voluntariado de Madres Dominicanas (Vomade), quien no sólo considera que la percepción del cónsul es “totalmente irreal”, sino que cree probable que los datos para los dominicanos sean menos adversos que para otros colectivos de inmigrantes, dada la fuerte presencia de las mujeres en el servicio doméstico español.
Pero independientemente de estas diferencias, existen indicadores que ayudan a hacerse una idea del impacto de crisis en los dominicanos. Uno de ellos es el hecho de que muchos se hayan visto obligados a atravesar por una situación nunca imaginada, como tener que pedir comida en instituciones que gestionan proyectos sociales o solicitar ayuda económica a sus parientes en República Dominicana.
El primer caso se ilustra con los datos del programa de reparto de raciones del Banco Mundial de Alimentos que desarrolla Vomade: en el último operativo, realizado en mayo de este año, unos 400 dominicanos fueron a pedir una ración. Esta población representó casi el 50% del total de beneficiados pese a que cuatro años antes su presencia en estas filas era prácticamente ninguna.
Álvarez explica que el hecho de que estas familias se despojaran del “tradicional orgullo” de los dominicanos refleja que están en una situación económica “muy delicada”: “En el último reparto hubo gente que vino a hablar personalmente conmigo para que les lleven los alimentos a la casa porque tenían vergüenza de que les vieran pidiendo”, cuenta el sociólogo.
Entre los dominicanos en esta situación está Anabelis Sánchez, una madre soltera de 31 años. Lleva 18 meses desempleada y tiene la responsabilidad de mantener y educar a un hijo de siete años. Primero lo hizo gracias a las prestaciones; ahora, al subsidio por desempleo, de unos 426 euros al mes, pero sólo lo recibirá hasta septiembre. Esto, y 50 euros que envía el padre del niño son todos sus ingresos y sólo la renta mensual de su casa suma 500 euros. Su situación se vuelve insostenible y la búsqueda de empleo ha sido larga y frustrante. Así fue como llegó a pedir el auxilio de los bancos de alimentos.
“A veces te miran raro porque ven que andas limpia y peinada y piensan que pides ayuda porque sí”, se lamenta. Además, Anabelis ha tenido que pedir la ayuda económica de su madre, que vive en Holanda, y a su padre, que reside en Santo Domingo.
Parece que la opción más viable será volver a casa, pero se resiste. Espera obtener la nacionalidad española a fin de año y volver antes a Santo Domingo sería, para ella, retroceder casi todo el trayecto andado desde 2003, cuando llegó a España. Decidió esperar. Lo hará aunque tenga que pedirles ayuda a sus familiares durante unos meses más.
Muchos otros dominicanos se han visto en la necesidad de solicitar el auxilio de sus parientes en el país caribeño o pedir que les envíen una proporción de los ahorros que acumularon durante el auge económico. Incluso se habla de una reversión del sentido de las remesas; es decir, que aumenta la cantidad que se envía desde República Dominicana a España y disminuyen en sentido inverso.
La propietaria de una cadena de locutorios (negocios que ofrecen servicios telefónicos, de internet y de envío de dinero) en Madrid confirma el aumento de envíos provenientes de República Dominicana en los locales de su propiedad. En promedio, 15 giros por día. Sin embargo, aclara que los envíos desde España al país caribeño continúan representando alrededor del 80% de las transacciones.
Mientras esto ocurre, las remesas enviadas desde España a República Dominicana se encuentran en franca caída, habiendo pasado de 346.2 millones euros en 2007 a 290.1 en 2008; y de 292 millones en 2009 a 287 en 2010, que es el último dato disponible en la página de Remesas.org.
Esto implica una caída de un 17% en sólo tres años.
En general, las remesas que origina España “profundizan” su segunda caída desde que empezó la crisis, según la organización, que resalta que en el primer trimestre del año esta nación envió mil 548 millones en remesas, una caída de 14.4% con respecto a los mil 851 millones del primer trimestre de 2011. Detalla, además, que el primer trimestre de 2012 fue el tercero consecutivo en número rojos, habiéndose experimentado descensos de11% y 5.5% en el cuarto y tercer trimestre de 2011, respectivamente.
César Martínez, un dominicano desempleado en Madrid, cuenta que dejó de enviar remesas a sus hijos en Santo Domingo pero no ha llegado al extremo de tener que pedir ayuda a sus parientes. Tras el cese de las prestaciones (tiene un año y varios meses en el paro), resolvió volver a casa. Lo hará antes de lo planeado y sin un proyecto económico en carpeta, pero dice que teme a la inseguridad que afecta a República Dominicana: “No quiero vivir en un país en el que no puedo salir con una cadena sin pensar que me van a cortar el cuello”.
Por lo demás, cree que no tendrá problemas para encontrar trabajo porque sabe de mecánica y de construcción. Pero su confianza no evita que esté consciente de que las oportunidades que ofrece su patria también son escasísimas.
Aunque no existen cifras oficiales de retornos definitivos, un locutorio también es un buen lugar para palpar lo que le ocurre respecto a los retornos. Rossi Martínez es una dominicana de 28 años que lleva seis trabajando en uno de los negocios de Cuatro Caminos. Cada día recibe decenas de clientes que van a enviar dinero o llamar a sus parientes en Santo Domingo.
Desde detrás del mostrador ha presenciado escenas que envuelven todo tipo de emociones. Cuenta que cada vez es más frecuente que las personas salgan de las cabinas emocionalmente afectadas, a veces bajo llanto. Casi siempre porque la crisis las ha expulsado de la España que una vez prometía hacer realidad casi todos los sueños.
“A veces –dice– les pregunto qué les pasa y me responden que se van, que vinieron para avisarle a su familia”.
Volver expulsado por una economía devastada es una emoción que conoce bien Antonia Suazo, la mujer entrevistada en la agencia de servicio doméstico. Partió para Santo Domingo en diciembre con la idea de retirarse definitivamente y poner un negocio que le permita ganarse el sustento cerca de los suyos. Los intentos fueron infecundos y decidió explorar en Estados Unidos, donde tampoco tuvo suerte.
Sus ahorros se consumieron en esa búsqueda y concluyó que lo mejor era volver a Madrid. Es paciente. Le han dicho que por ahora no hay trabajo en la agencia de servicio doméstico, pero mantiene la buena disposición. Está empezando, casi de cero, pero esta vez en la España de los lamentos, en la España en que viven un millón 233 mil 400 extranjeros sin trabajo, según la Encuesta de Población Activa.
Hay muchas diferencias con respecto a 1999, cuando llegó al país ibérico por primera vez, pero una es la que le parece más destacable: “Antes salías a buscar empleo y no pasaban dos días sin que te llamaran de alguna parte”.
Lo peor es que hay pocas razones para ser optimistas. Los indicadores macroeconómicos no son alentadores. La política de la gestión de Mariano Rajoy para contrarrestar la crisis contempla aumentar impuestos y reducir gasto social hasta lograr ajustes que sumarían más de 102,000 millones de euros entre el año corriente y 2014, según el plan bienal 2013-2014 presentado a Bruselas a principios de agosto.
Esto se suma un posible segundo rescate bajo condiciones que podrían agravar aún más la actual recesión. •
Los criollos en la nación ibérica
Pese a la severa crisis que afecta la economía de España, la llegada de dominicanos a este país no merma. En los últimos dos años, la cantidad que ingresa ha sido muy superior a la que se ha marchado. En 2010 llegaron 8,852 dominicanos y salieron 5,172. En 2011 llegaron 12,126 y salieron 5,796, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas de España. A finales de 2011, la cantidad de dominicanos que residía en este país europeo ascendía a 135,734. Esta cifra incluye a los 47,623 dominicanos que adquirieron la nacionalidad española, según cifras del Consejo Nacional para las Comunidades Dominicanas en el Exterior (Condex).
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Sueño americano, sueño español, rosario de sueños rotos. Brillante reportaje de L.L. Piña sobre una situación devastadora. Varias lágrimas he perdido en su lectura. Serie de pequeñas historias (la verdadera historia general es esto: suma total de la vida particular de cada cual) con un denominador común: sufrimiento ante la megacrisis del moderno Canaán dominicano: España.
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